Fernando Martín Royo,escritor de ficción, cuento y opiniones. arte en libertad para debatir ideas y proyectos artísticos
domingo, 5 de abril de 2015
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El Examen
Fidel, entusiasmado, escribía el desenlace final de su última novela, se encontraba emocionado, la historia lo había llevado de la mano, el solo la ponía en el papel y ahora el final se revelaba como perfecto, inesperado, puso el punto final y se reclinó sobre el respaldo de la vieja silla, aunque satisfecho, le dolía algo la espalda, pero había valido la pena, ahora solo faltaba el tedioso trabajo de corrección, debía hacerlo una y otra vez, hasta que algo en su interior le dijese, basta ya ¿hasta cuándo?, considéralo perfecto.
El aroma a comida le
despertó el hambre y este lo llevó de buen humor a la cocina, donde su esposa
reinaba, en el momento en que el, tenedor en mano, trataba de probar algo
exquisito cocinándose en la olla humeante, su esposa con aspecto de preocupada
le susurró, debo hacer algunas compras, ya no queda nada para cocinar. El en un
gesto instintivo, metió su mano en el bolsillo del pantalón y sacó un billete,
al momento de hacerlo, se dio cuenta que era el único, creyó tener otros.
Distraídamente en los últimos días le había estado dando para los gastos a su
señora, mientras el, apasionado, escribía su novela, ahora ya no le quedaba más
dinero. Debo conseguir un trabajo pensó, hasta estar lista la novela y
conseguir publicarla, pasará más de un año.
Le entregó el billete a
su señora y tomándola desde atrás de la cintura, le susurró al oído, — no te
preocupes, mañana voy a ver a Domingo y le pido por favor me alquile el taxi heredado
de su papá, en una semana ya estamos bien.
Domingo era su amigo de
la infancia, era taxista, su padre también lo había sido, hacía unos meses
había fallecido y su taxi fue heredado por Domingo, ahora el vehículo
descansaba en el garaje, de vez en cuando lo alquilaba a alguien de confianza,
Fidel era uno de ellos.
Al otro día según lo
prometido a su señora, Fidel fue de visita a lo de su amigo, este lo recibió
eufórico, lo trataba como si fuera su hermano, lógico, ya ni se acordaba los
años de amistad transcurridos.
Luego de tomarse un par
de cervezas, sentados en el patio, a la sombra de una joven vid que impúdica,
mostraba sus tentadores racimos de uvas aún verdes. Antes de sentirse mareado,
pues sabía que las cervezas seguirían viniendo, Fidel sacó el tema del alquiler
del vehículo, Domingo no le dio mucha importancia y le dijo que no se haga
problemas, mientras abría otra botella.
— Carajo con todo lo
que has estudiado y lo que te sacrificas escribiendo y tienes problemas con el
dinero, no te preocupes hermano, te lo doy y es más, te lo alquilo a la mitad
de lo que se lo alquilo a los demás, por algo eres mi hermano ¿no?. Salud, pero
eso sí hermano, debes tener los papeles en regla, salieron unas nuevas leyes,
piden varios requisitos nuevos para trabajar y si te encuentran manejando sin
esos papeles te secuestran el vehículo. La calle está cada vez más exigente y
no se le puede dar la chance a la policía para que te jodan, mejor es tener
todo en orden, ahora es buen negocio tener todo al día.
Fidel le mostró sus
papeles a Domingo, este los revisó de manera minuciosa y después de tomar un
breve sorbo de cerveza le dijo, — están bien, pero te falta un carnet de
seguridad, sin eso no puedes circular, pero no te hagas problemas, es fácil de
obtener, solo debes hacer un curso de dos días y listo, ya te lo dan y no te
hagas problema yo te pago el curso, toma te doy el dinero ahora para no
olvidarme, le extendió unos billetes que superaban el valor del curso, sabía
que su amigo estaba sin dinero. —Mañana mismo te anotas, así en dos días puedes
trabajar, pero ahora, ¡salud!—.
Al otro día Fidel fue
de los primeros en llegar a la academia donde dictaban el curso, una chica
sentada detrás de un viejo y feo mostrador, lo atendió, mientras disfrutaba masticando
un chicle le cobró el costo del curso y sin muchas explicaciones lo invitó a
pasar al aula, — en media hora viene el profesor —, escuchó que le decía desde
atrás.
En el aula había unas
treinta sillas o quizás algunas más, de las escolares, con su mesita
incorporada, en ellas ya había algunas personas sentadas, un gordo de pelo enrulado
y grasiento leyendo un diario, otro con un lustroso traje azul y dos muchachos
conversando entre ellos, saludó y se sentó en espera del misterioso profesor.
Antes que llegue el
profesor, entraron seis o siete personas más, por fin llegó el tan esperado
profesor, embutido en un gastado y brilloso traje azul y una finísima corbata
igualmente lustrosa, de última moda en los años sesenta del siglo pasado, de
cara aguda y finísimos y perdidos bigotes, debajo de su aguileña y gran nariz.
Después de saludar y
presentarse de forma muy solemne, comenzó la clase, ayudándose con unas
inmensas y viejas láminas, tenía el discurso aprendido de memoria, si alguien
lo interrumpía en ese momento, con seguridad se perdería, Fidel lo escuchaba
muy atento y se divertía de ver al pobre tipo como recitaba la clase, esa
manera de dictarla la hacía completamente aburrida, se trataba de reglas de
tránsito, derechos y obligaciones de los automovilistas y los peatones. El
hombre se dirigía a ellos en un tono de amonestación y así siguió los dos días de
duración del soporífero curso, al final de este, les repartieron una hoja
impresa con varias preguntas, este era el examen y algo parecido a un test psicológico, Fidel contestó las estúpidas preguntas en cinco minutos, luego les
dieron una hoja en blanco, en ella debían resumir lo aprendido en esos dos días.
Allí Fidel se sintió a sus anchas, era su
especialidad, comenzó presentando a los personajes, peatones, chóferes,
inspectores y por fin a las fuerzas de seguridad, se le ocurrió narrarlo como
un cuento, así comenzó a narrar el día completo de su protagonista, este era un
conductor, manejando hacia su oficina, distraído, pensando en algunos problemas,
ellos debían ser resueltos de inmediato, sin darse cuenta, en una esquina, pasó
un semáforo que en ese instante cambiaba a rojo, esquivando por poco a un audaz
peatón lanzado a cruzar en ese momento. Miró por el retrovisor y lo vio
gritándole, imaginó que lo estaba insultando y recordándole sus derechos.
En la siguiente
esquina, un policía de tránsito lo detuvo y tras leerle una serie de artículos
de un usado y manoseado librito que sacó en forma enérgica de su bolsillo
trasero, le labró un acta, el protagonista también protestó y le reclamó al
transpirado policía, sus derechos, recurriré a un juez, él sabrá interpretar
las leyes y se dará cuenta, esa papeleta que usted me labra esta
incorrectamente labrada, el protagonista lucía fuera de sí y también estaba
comenzando a transpirar.
En ese punto se le acabó la hoja y se levantó
furioso, posesionado con la redacción del relato, el profesor lo miró extrañado
y le entregó una nueva hoja. El siguió escribiendo entusiasmado, esta historia
da para un cuento pensó, se le ocurrió crear otros personajes, un político gritando
sus discursos en un parque, ante una aburrida multitud de madres vigilando a
sus hijos y jubilados, escuchando lo tantas veces dicho en sus ya gastadas
vidas, también las leyes de tránsito estaban en el discurso del eufórico
político, cuando Fidel decidió darle punto final a lo solicitado por el
profesor de lo aprendido en el aula, puso en boca del político, personaje que
cada vez lo entusiasmaba más, una crítica a lo mal redactada que estaba la ley
de tránsito y puntualizó algunos deberes, avasallando a otros, en ese momento,
decidió terminar el informe, supuso que tres hojas escritas eran suficientes.
Firmó y se lo entregó al profesor, este lo miró extrañado, mientras de reojo
miraba la cantidad de lo escrito por Fidel.
Al otro día debía pasar
a buscar su nota, si figuraba como aplazado no le entregarían el carnet y no
podría trabajar, si eso sucedía le complicaría la vida, en su casa ya no
quedaba nada para comer.
Y con sorpresa vio con tinta roja que eso había pasado, le entregaron el escrito, a su pedido, al final había una nota en tinta roja en ella le decían que ellos no habían pedido una novela, con una crítica a la ley, solo había de responder a las sencillas preguntas, con el fin de evaluar si habían comprendido el curso al que habían asistido.
Cuando esa tarde, su
amigo, leyó la narración que le entregó Fidel para demostrarle lo injustos
que habían sido con él, después de leerlo estalló en una carcajada, estás loco
Fidel, les escribiste un cuento, estos son unos burócratas, los haces
descarrilar si los sacas de sus normas.
Miró fijo al compungido
Fidel, con una sonrisa tomó del hombro a su amigo y le dijo, mira, vamos a
olvidarnos del examen, yo tengo un amigo que me debe algún favor y trabaja en
una de esas oficinas, vamos a ver si él hace algo por nosotros y nos facilita
la entrega del carnet, tú tienes necesidad de trabajar de una buena vez. En
cuanto al relato, yo lo guardo, este y todos los que escribas de aquí en
adelante.
Ya sé, publicaremos un
libro y lo titularemos “los relatos de un taxista escritor”, ese será tu
examen.
miércoles, 31 de diciembre de 2014
miércoles, 26 de noviembre de 2014
jueves, 30 de octubre de 2014
Otro relato de viaje por nuestra querida latinoamerica
Dando las gracias al Tata Inti
Dando las gracias al Tata Inti
En esas soledades y a esas alturas, el silencio se podía escuchar, algo tan simple como la carrera de una lagartija, era una sinfonía de sonidos, sonaban como los golpes dados en un timbal, el graznido de una de las grandes aves que señoreaban por el inmenso y celeste cielo, sonaba mas fuerte que el mas poderoso instrumento de viento, ellas contrastaban con sus desordenados plumajes contra el espectacular y límpido cielo azul.
El muchacho,se sentó cansado, a un costado del camino.Con la boca seca y traspirando por culpa del brillante e implacable sol, que asolaba al paisaje en ese momento, el muchacho se distrajo observando en esos momentos la única nube, era alargada y semejaba un mechón de algodón, avanzaba sintiéndose la única dueña del cielo.
No sabía cuanto tiempo estuvo sentado allí, de repente se sobresaltó,le había parecido escuchar en el aire un débil sonido, mezclado con el murmullo que producía el viento castigando a los arbustos, era algo parecido a un ronroneo, muy débil, pero recién se escuchaba por primera vez, antes no lo había notado, transcurridos algunos minutos,lo escuchó algo mas nítido, los sonidos se escuchaban desde muy lejos, el aire a esa altura era muy liviano, enseguida se dio cuenta que lo que escuchaba era el rugido de un motor, estaba seguro, ningún ser de la naturaleza hacía ese ruido, entusiasmado se paró para poder ver el largo y sinuoso camino, desde allí lo veía perderse en el horizonte, subiendo y bajando inmensas ondulaciones de los cerros,pero desilusionado no vio nada.
Se sentó otra vez sobre la recalentada piedra, a un costado del camino, al poco rato se distrajo viendo una intrincada huella sobre la gruesa arena que había dejado una pequeña víbora, de un intenso color verde y que velozmente escapó hacia la pobre vegetación, que luchaba por sobrevivir bajo un grupo de arbustos.
Se sobresaltó, al oír de nuevo el ruido de un motor, pero ahora mucho mas cerca, se puso de pié y allí si, ahora lo vio, era un camión, un enorme monstruo viejo, feo y cargado hasta donde ya casi no podía con su fuerza, encima de la carga se observaba a varias personas sentadas, todas juntas. Bufando, para subir la cuesta, veía su figura casi fantasmal, su imagen reverberaba en el paisaje,pareciendo que flotaba en el, debido al intenso calor.
Un minuto después, tuvo al monstruo acercándose, confundido se paró frente a el y con su brazo en alto le hizo una seña para que pare, el monstruo le hizo caso y se detuvo junto a el, envolviéndolo en una caliente nube de polvo, el chofer, de pelo desordenado y grasiento, lo miró con sus achinados ojos, desde la altura de su cabina, calculando cuanto le cobraría por llevarlo. Enseguida se pusieron de acuerdo, solo eran unas monedas, pero tendría que viajar sobre la carga, compuesta por mercadería variada, una vez que subió sobre ella con no poca dificultad, se acomodó como pudo, detrás de las personas que ya venían viajando de esa manera. Eran cinco, toda gente autóctona, moradores del campo, o pueblos cercanos, abrigados del frío altiplano con sus multicolores ponchos y mantas, estaban rodeados por sus equipajes, también envueltos en idénticas mantas, sus cabezas lucían bien abrigadas con sus multicolores chuyos, tejidos con lana de llamas y vicuñas de la zona, por lo rudo y toscos, sus rasgos parecían tallados en la misma piedra con la que construían sus magníficos altares, dos hendiduras formaban sus enigmáticos ojos, que en ese momento, todos tenían fijos en el.
Se sentó otra vez sobre la recalentada piedra, a un costado del camino, al poco rato se distrajo viendo una intrincada huella sobre la gruesa arena que había dejado una pequeña víbora, de un intenso color verde y que velozmente escapó hacia la pobre vegetación, que luchaba por sobrevivir bajo un grupo de arbustos.
Se sobresaltó, al oír de nuevo el ruido de un motor, pero ahora mucho mas cerca, se puso de pié y allí si, ahora lo vio, era un camión, un enorme monstruo viejo, feo y cargado hasta donde ya casi no podía con su fuerza, encima de la carga se observaba a varias personas sentadas, todas juntas. Bufando, para subir la cuesta, veía su figura casi fantasmal, su imagen reverberaba en el paisaje,pareciendo que flotaba en el, debido al intenso calor.
Un minuto después, tuvo al monstruo acercándose, confundido se paró frente a el y con su brazo en alto le hizo una seña para que pare, el monstruo le hizo caso y se detuvo junto a el, envolviéndolo en una caliente nube de polvo, el chofer, de pelo desordenado y grasiento, lo miró con sus achinados ojos, desde la altura de su cabina, calculando cuanto le cobraría por llevarlo. Enseguida se pusieron de acuerdo, solo eran unas monedas, pero tendría que viajar sobre la carga, compuesta por mercadería variada, una vez que subió sobre ella con no poca dificultad, se acomodó como pudo, detrás de las personas que ya venían viajando de esa manera. Eran cinco, toda gente autóctona, moradores del campo, o pueblos cercanos, abrigados del frío altiplano con sus multicolores ponchos y mantas, estaban rodeados por sus equipajes, también envueltos en idénticas mantas, sus cabezas lucían bien abrigadas con sus multicolores chuyos, tejidos con lana de llamas y vicuñas de la zona, por lo rudo y toscos, sus rasgos parecían tallados en la misma piedra con la que construían sus magníficos altares, dos hendiduras formaban sus enigmáticos ojos, que en ese momento, todos tenían fijos en el.
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